¿Qué dice la Biblia sobre quererse a uno mismo?

La respuesta que da la Biblia

11/11/20253 min read

La Biblia enseña que tener amor propio es algo correcto y necesario, siempre que se mantenga dentro de un equilibrio razonable. Amarse a uno mismo no significa caer en el egoísmo ni poner los propios intereses por encima de los demás, sino reconocer el valor que Dios nos ha dado y cuidar de nosotros con respeto, dignidad y responsabilidad. En Mateo 10:31 se nos recuerda que somos valiosos ante los ojos de Dios, lo que implica que debemos tratarnos con aprecio y consideración.

El amor propio del que habla la Biblia se refleja en acciones cotidianas: cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, mantener una autoestima saludable y evitar pensamientos autodestructivos. Sin embargo, este amor no debe convertirse en egocentrismo, pues la Palabra de Dios rechaza el egoísmo y enseña que debemos amar también a los demás y, sobre todo, a Dios, quien nos dio la vida y el propósito de existir.

¿A quién debemos amar más?

La Biblia es clara al enseñar que el amor más grande debe dirigirse a Dios. En Marcos 12:28-30 y Deuteronomio 6:5 se nos da el mandamiento más importante: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este amor es la base de todos los demás, porque cuando amamos a Dios, aprendemos a amar correctamente a los demás y a nosotros mismos.

El segundo mandamiento más importante complementa el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31; Levítico 19:18). En estas palabras, Jesús nos enseña que el amor hacia uno mismo es el punto de referencia para amar al prójimo. No podemos amar a otros si no reconocemos nuestro propio valor como creación divina. Por lo tanto, tener un grado razonable de amor propio no solo es normal, sino también una base necesaria para amar a los demás de manera genuina y desinteresada.

El ejemplo de Jesús

Jesús es el mejor ejemplo del equilibrio perfecto entre el amor a Dios, al prójimo y a uno mismo. Su vida fue una demostración constante de amor y servicio. Amó a Dios sobre todas las cosas y se dedicó a cumplir fielmente la misión que su Padre le encomendó (Juan 14:31). También mostró un amor profundo por las personas, preocupándose por sus necesidades físicas, emocionales y espirituales, hasta el punto de entregar su vida por ellas (Mateo 20:28).

Aun así, Jesús también demostró amor propio de manera equilibrada. Tomaba tiempo para descansar, comer y disfrutar de momentos de compañerismo con sus discípulos y amigos (Marcos 6:31-32; Juan 2:1-2). Este ejemplo muestra que cuidarse no es egoísmo, sino parte de una vida equilibrada y saludable.

La verdadera felicidad

La Biblia enseña que la verdadera felicidad no proviene del amor propio excesivo ni del individualismo, sino del amor desinteresado. Dios nos creó a su imagen (Génesis 1:27) y, como Él es amor (1 Juan 4:8), fuimos diseñados para amar. Cuando ponemos a Dios en primer lugar y servimos a los demás, encontramos un sentido de plenitud que el egoísmo nunca puede dar.

Hechos 20:35 lo expresa con claridad: “Hay más felicidad en dar que en recibir”. Aunque cuidarnos es importante, lo que realmente llena el corazón es amar y servir. La Biblia lo resume sabiamente en 1 Corintios 10:24: “Que cada uno busque, no su propio beneficio, sino el de los demás”.

En un mundo donde muchos promueven el amor propio como prioridad absoluta, la Palabra de Dios nos recuerda que el verdadero amor —a Dios, al prójimo y a nosotros mismos— solo se comprende cuando se equilibra con humildad, servicio y fe.